20.6.16

“Europa se dividirá en cuatro o cinco regiones”



Luis Martín: Me gusta hablar con los invitados cara a cara pero esto del verano me da problemas. Pero el teléfono es útil, ¿verdad? Buenas noches, David Rivas, de la Autónoma de Madrid. Hacía ya tiempo que no charlábamos. Me dicen que está usted en Cataluña, profesor.
David M. Rivas: Hacía bastante tiempo que no charlábamos, sí. Creía que se habían ustedes olvidado de mí. Estoy en Cataluña. Disfruto, con mi mujer, de unos días de un apartamento de unos buenos amigos en Cala Sirenes, en Montroig del Camp.
L.M.: No, claro que no está usted en el olvido. Figura en nuestro panel. Estamos en un momento complicado. Hay gran discrepancia sobre la situación económica, coincidiendo con unas elecciones generales, está el referéndum del Reino Unido… Todo es muy confuso.
D.M.R.: Sí, es verdad que todo anda muy revuelto y que, como se sabe, en río revuelto ganan los pescadores.

L.M.: Parece ser que el PIB español está creciendo. Digo que “parece ser” porque no sería la primera vez que usted y otros economistas arrojan un jarro de agua fría.
D.M.R.: Pues voy a hacerlo otra vez. Es verdad que el PIB crece nominalmente pero es preciso matizar las cosas porque ese crecimiento es engañoso. Según el gobierno, comparando 2005 con 2015, el PIB ha crecido un 16,2 por ciento. La realidad es que sólo un 29 por ciento de ese crecimiento es real. De hecho, el propio Banco de España prevé que el PIB se ralentice al 2,1 por ciento en 2018.
L.M.: No lo comprendo.
D.M.R.: Vamos a poner un ejemplo. Para una factoría automovilística el crecimiento real sería un incremento de la fabricación de coches, una elevación de sus márgenes de venta o ambas cosas. Pero, ¿qué sucede si ese crecimiento se debe a que los automóviles son más caros porque los precios de sus componentes o el precio de la energía aumentaron y, simplemente, la empresa lo ha repercutido en el precio de cada coche? Pues se produciría un incremento de los ingresos porque los coches son más caros pero que en nada se relaciona con el hecho de que los consumidores estén dispuestos a pagar más por esos coches. Es así como funcionan las macromagnitudes económicas. Y es que la economía española no acaba de despegar porque el consumo privado está estancado e incluso presenta una nueva tendencia a la baja y sólo crece el consumo público y poco. Por otra parte, la política de tipo cero del Banco Central Europeo se encuentra al límite y, si se prolonga, puede llevar a los bancos a graves situaciones, a problemas de estabilidad financiera. Entonces los estados deberán sustituir al banco para propiciar el crecimiento y España, con esta política de austeridad malsana y nada equitativa, no sería capaz y entraría en barrena, en la tercera recesión que algunos economistas vaticinan.
L.M.: ¿Y usted?
D.M.R.: Yo soy algo más optimista que Niño Becerra o que Vicenç Navarro, pero no las tengo todas conmigo.
L.M.: Pero el empleo crece.
D.M.R.: De esto ya hemos hablado bastantes veces. Aumenta el número de personas empleadas pero no el empleo. La pregunta a quién afirma que se han creado puestos de trabajo es esta: ¿a qué llama usted un puesto de trabajo? Hay contratos por minutos, no es chiste, por minutos. Y contratos por horas o por días son cosa cotidiana. Por su parte, la nueva legislación laboral lo ha empeorado todo y no ha conseguido ni siquiera crear un mercado más transparente y ágil. Según los últimos estudios el 42 por ciento de los empleos se encuentra a través de familiares y amigos, algo muy típico de estructuras económicas poco desarrolladas y muy clientelares. Esa es una de las razones por las que los trabajadores más cualificados se encuentran con grandes problemas de inserción en el mercado laboral.
L.M.: El problema de siempre: el mal aprovechamiento de la preparación técnica de la gente.
D.M.R.: Es evidente. La única manera de que un país se desarrolle es mejorando su nivel de conocimiento y, lógicamente, incorporando a los más preparados al proceso productivo. A veces se olvida que la famosa y repetida hasta la saciedad innovación no se realiza en las universidades, sino en las empresas. Una innovación se produce cuando un invento o un nuevo proceso se aplica a la producción. La gente confunde la investigación o la invención con la innovación. Sin actividad empresarial no hay innovación.
L.M.: Lo de las pensiones cada vez se ve más negro. Aumentan las pensiones y disminuyen las contribuciones.
D.M.R.: En algún periódico leí hace unos días que serán necesarios cinco nuevos empleos para pagar cada nueva jubilación. Eso es una tontería o, peor aún, una apuesta por destruir todo lo poco que se ha conseguido, no sólo por la acción de algunos gobiernos, sino sobre todo por la lucha, a veces sangrienta, de las clases trabajadoras. Convendría recordar, y que recuerden sobre todo los gerifaltes sindicales, que España fue el primer país que ordenó por ley la jornada de ocho horas y que lo hizo tras una huelga general de 44 días en Barcelona organizada por los anarquistas. También es verdad que todo se incardinaba en un ámbito más amplio. Aún se veían los rescoldos y el humo de los bolcheviques de Rusia, de los espartaquistas de Baviera, de las grandes huelgas de Estados Unidos y de otros movimientos de menor impacto. Eso en cuanto a hacer una referencia a la lucha de tantos que hoy nos permite tener lo que tenemos. Olvidar eso es miserable y suicida. Pero, yendo al presente y siendo un poco más técnicos y menos militantes, nadie en su sano juicio puede pensar que la productividad de dentro de treinta años sea la misma que la de hoy. Un obrero y un empresario del 2046 producirán mucho más que hoy y cotizarán a la seguridad social y pagarán muchos más impuestos que hoy. Es una ley del propio capitalismo. Hoy dos trabajadores alimentan a un jubilado, pero mañana un trabajador podría alimentar a tres jubilados. Otra cosa es que quieran un modelo asiático, de baja cualificación y salarios de miseria. Entonces las cosas serían distintas. Ahí está el problema: ese es el modelo que parece que están diseñando.
L.M.: Las pensiones, ¿deben depender de las cotizaciones a la seguridad social o de los impuestos?
D.M.R.: Depende de qué modelo tengamos. Históricamente, el modelo anglosajón, con mejor estructura fiscal, las hace depender de los impuestos. El modelo prusiano, que es el español, las hace depender de las cotizaciones de trabajadores y empresas. Generalmente, en tiempos de bonanza funciona mejor el modelo prusiano y en tiempos de crisis el anglosajón, pero sólo “generalmente”. Hoy en todas partes hay un modelo mixto, aunque de proporciones distintas.
L.M.: Y la revalorización de las pensiones, ¿de qué debe depender, del IPC o del saldo de la caja común?
D.M.R.: También depende, permítame el escapismo. Todos los progresistas, los socialdemócratas para entendernos, han defendido el criterio del IPC, del coste de la vida. Pero esa es una herencia keynesiana y del mundo keynesiano, cuando se asentó el estado de bienestar. El problema es que, desde los años cincuenta, no conocimos la deflación y hoy el incremento de precios es nulo o incluso negativo. ¿Bajamos las pensiones entonces? Nacho Álvarez, compañero de mi propio departamento y “cerebro” de Podemos dijo en un programa de televisión que había que ligar la pensión al IPC. Le hicieron una pregunta muy sencilla: ¿y si el IPC baja? Su respuesta fue que la congelarían. El golpe que le dio el representante del Partido Popular fue brutal: en un horizonte deflacionista como el que tenemos, ustedes, como mucho, congelarían las pensiones y nosotros las subiríamos un pequeño 0,25 por ciento. El que quedó congelado fue él porque me consta que es persona sensata y técnicamente muy buena.
L.M.: Estamos en un callejón sin salida.
D.M.R.: Yo creo que no. Es un callejón sin salida si creemos en una inmovilidad o en una revolución. Decía Buda que nada permanecía excepto el cambio. De seguir así vamos al precipicio, pero de creer en un cambio radical vamos también. Los grandes relatos han sucumbido, son cosas de un capitalismo emergente. No volveremos a ver sobre las estepas a los blancos y los rojos cargando sobre sus caballos, ni en las orillas del Ebro jugando una partida mortal, ni en los montes de Asturias resistentes heroicos. Ni siquiera en América Latina lo vemos. Maduro da dinero o alimentos pero todavía no convocó a un reparto de armas, por la sencilla razón de que ni hay enemigo exterior ni hay unidad interior. Pero tampoco veremos a los hombres de chistera sentados en un club londinense repartiéndose colonias y beneficios de compañías ultramarinas, defendidos por aquella delgada línea roja de las casacas inglesas. Porque épica había en todos los bandos, no seamos maniqueos.
L.M.: Todo eso que dice está muy bien pero no me da una respuesta. ¿No hay salida?
D.M.R.: Me explayé demasiado en algo marginal, es verdad. Sí hay salida. El límite más importante de nuestro modelo es el ambiental, el ecológico. Y es en ese ámbito donde, si somos hábiles, está la solución o, al menos, parte importante de la solución. Hace unas semanas decía Markus Laubscher, alto directivo de Philips, que la sustentabilidad había dejado de ser un coste añadido para convertirse en un valor añadido. Las grandes multinacionales empiezan a apostar, algunas ya lo hicieron hace tiempo, por una economía sostenible, en la idea de que todo debe regresar al origen de sus nutrientes, lo mismo técnicas que biológicas. La única evolución posible es la circular, la autocentrada. El último estudio del Club de Roma, al que pertenezco, concluye con que el reciclaje, la redistribución, la renovación y la reparación podrían crear hasta 400.000 puestos de trabajo en el reino de España.
L.M.: Nos conocemos desde hace tiempo y siempre me llamó la atención que un hombre como usted, tan radical, defendiera siempre la idea europeísta, pasara lo que pasara. Pero es que lo que está pasando es muy grave.
D.M.R.: Soy europeísta y, de verdad, pase lo que pase. Pero es que, pasara lo que pasara, ya vimos desde principios del XIX y mediados del XX lo que era la negación de Europa. No creo necesario hacer el relato. Es mentira que en esta crisis fallara la Unión Europea, sino que quienes fallaron fueron los estados, particularmente Alemania, que olvidó a su padre, el que la sacó de la herencia del nazismo y decidió asumir sus responsabilidades como nación: “no quiero una Europa alemana sino una Alemania europea”. Hablo de Adenauer. Si no fuera por Europa los alemanes aún serían un pueblo genocida y apestado delante de la humanidad. Claro que una luterano-leninista como Merkel jamás entenderá de sutilezas. Repito: no falló la UE sino los estados miembros.
L.M.: ¿Y el déficit democrático? El parlamento, votado por sufragio universal, tiene menos poderes que la comisión.
D.M.R.: Decía Gibbon que en la naturaleza humana existía una propensión a despreciar las ventajas y a magnificar los males del presente. Pues tal vez tenía razón. En el 2015 la Comisión Europea sancionó al gobierno polaco porque impuso una ley que supeditaba el tribunal supremo al ejecutivo. También en Polonia impidió la Comisión que el gobierno pudiera despedir a cualquier ejecutivo de los medios públicos que criticaran al gobierno. Y, sin ir más lejos, gracias a que España tuvo que apechugar con las normas europeas tenemos legislación ambiental. Sin ir más lejos, Fraga mataba urogallos cuando la Unión Europea, entonces Mercado Común, los calificaba como en peligro de extinción. ¡Y mire que es fácil matar urogallos en tiempo de cría, como hacía ese individuo! Es decir, una comisión con poco sustento democrático defiende los derechos de los ciudadanos, el medio ambiente y la libertad de expresión frente a un parlamento elegido democráticamente. Dígame la verdad, si usted es o fuera homosexual, por poner una circunstancia, ¿a quién acudiría?, ¿a Bruselas o a los parlamentos de Varsovia o de Budapest? Es que esta es nuestra tragedia y nuestra grandeza. Sólo la Unión Europea, con el déficit democrático, que existe sin duda, garantiza los derechos básicos. Es curioso ver como los mismos que apellidan de criminal y oligárquica a la Unión Europea se quejan del recorte en los servicios públicos, cuando la unión los garantiza y muchas constituciones de los estados europeos no.
L.M.: El Reino Unido tiene dentro de dos semanas el referéndum sobre la salida o permanencia en la Unión Europea. ¿Qué pasará?
D.M.R.: No lo sé. Las encuestas dan prácticamente un empate aunque algunas señalan una cierta ventaja de los partidarios de abandonar la Unión Europea. El Reino Unido siempre ha coqueteado con el abandono de la unión, con la política de silla vacía primero, el chantaje del cheque después o no aplicando el acuerdo de Schengen más tarde. De Gaulle, con bastante razón, no quería al Reino Unido en el entonces Mercado Común porque consideraba que era un caballo troyano de los Estados Unidos. Este referéndum es una farsa ideada por un inane Cameron en su irresponsable carrera por mantenerse. También tuvo su culpa Corbin y los laboristas que, siguiendo los clichés de una izquierda que lleva décadas sin analizar y pensar, mantenían la matraca de la Europa de los mercaderes. Los laboristas reaccionaron tarde y mal ante la evidencia: los derechos de los ciudadanos, particularmente los de los trabajadores, están mucho más protegidos en la Unión Europea. Si algo le debemos al tonto de Cameron –que ahora no sabe cómo salir del embrollo que creó- es que ha logrado que la izquierda se haya movilizado en favor de la Unión Europea, con la excepción de las izquierdas españolas, ya sean catalanas, gallegas, asturianas o mediopensionistas. Es impresionante la unidad de pensamiento antieuropeísta de unas izquierdas tan identitarias y nacionalistas en otras cosas. Carpetovetonia tiene mucho peso. Y luego tenemos la demagogia y las mentiras de Farage y las manipulaciones de Johnson, que sólo vio su posibilidad de vivir en Downing Street a través de este referéndum. Entre todos han logrado algo que jamás había sucedido en Gran Bretaña: dividir visceralmente a la población por la mitad. Yo sigo de cerca la política británica porque soy muy anglófilo y en este debate no hay cordura ni raciocinio, sólo hay visceralidad. Ha acabado el asunto ya con un muerto, con el asesinato de una diputada laborista a manos de un tarado fascista.  Puede que haya más muertos. Esta es la herencia de un político tan imbécil como Cameron. Están convirtiendo a los votantes en “hooligans”. Es más, este referéndum reabrirá la herida escocesa, que no quedó bien cerrada hace dos años. Son los ingleses y los norirlandeses los que decidirán salir de la Unión Europea, mientras que los escoceses votarán masivamente en favor de la permanencia. Paradójicamente, la salida del Reino Unido de la unión daría fuerza a Escocia para declarar su independencia y reclamar un sitio en Bruselas.
L.M.: Cosa que a usted, conociéndolo como lo conozco, le gustaría.
D.M.R.: Yo prefiero al Reino Unido en la Unión Europea pero si los ingleses se quieren suicidar y quieren herirnos a todos los demás que, al menos, Escocia se libere y se incorpore a una Europa a la que pertenece por historia y por convicción.
L.M.: ¿Qué consecuencias económicas tendría la salida del Reino Unido?
D.M.R.: Son impredecibles en su mayor parte. Europa perdería un socio muy importante, aunque también muy incómodo. En general se ralentizarían los ritmos de crecimiento en Europa y en el Reino Unido. Es difícil analizar país por país pero, por ejemplo, España saldría bastante perjudicada porque su volumen de exportaciones a Gran Bretaña es muy alto. No se iba a detener el flujo comercial, evidentemente, pero habría un período de confusión, con nuevo arancel, con nuevas barreras, con nuevas especificaciones para los productos, todas esas cosas. Y dentro del Reino Unido, esto sí que es evidente, habría tensiones inflacionistas, recortes sociales y caída del ingreso público. Y hay otra cosa en la que pocos reparan: el Reino Unido será frontera. Francia retiene masas de emigrantes y refugiados porque está obligada por las normas comunitarias. Si el Reino Unido abandona la unión Francia se ve libre para aligerar su política, abrir el túnel del canal… y allá se las componga el gobierno de Londres. De todas formas si el Reino Unido se marcha va a ser más fácil limpiar y adecentar la casa europea. Es imposible, al menos para mí, dibujar un mapa completo pero, en fin, ya Keynes decía que era mejor tener razón de una manera imprecisa que estar equivocado con toda exactitud.
 L.M.: ¿Cómo ve el futuro de Europa a un medio-largo plazo? ¿Habrá eso que llaman “Europa de dos velocidades”?
D.M.R.: Hoy en Europa se circula con más de dos velocidades. Tras la crisis británica, pase lo que pase, nada será igual. El gobierno de Cameron ha introducido el último ingrediente que faltaba en la crisis europea: el sentimental, el identitario estatista. A mí me parece que el futuro es una redefinición de Europa y, a medida que vaya creciendo el populismo, que es el fascismo aunque se envuelva en la bandera y en la verborrea en las que se envuelva, aparecerán cinco regiones. La primera será una Europa central con Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Austria, Francia, España, Portugal e Italia, y tal vez Chequia, Eslovaquia y Polonia. Esa Europa será la heredera de la actual Unión Europea, con moneda única, sistema fiscal único y sistema laboral único. Y habrá cuatro Europas periféricas: el Reino Unido e Irlanda por un lado; Hungría, Eslovenia, Croacia y Serbia, por otro; Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia, Estonia, Lituania y Letonia, por otro; y Bosnia, Macedonia, Grecia, Rumanía y Chipre por otro. Estas tres tendrán monedas distintas y modelos económicos distintos. En esta configuración la Europa central será una gran potencia, la nórdica será un socio en pie de igualdad, la británica dependerá de los Estados Unidos, la del este será un mercado barato y la mediterránea oriental será un patio trasero medio subdesarrollado a merced de Turquía y de Rusia.   
L.M.: Algunos partidos, entre ellos Izquierda Unida, siguen con su propuesta de romper con la Unión Europea y salir del euro. Usted es muy crítico con esa postura, cosa que acaba de reiterar hace un momento.
D.M.R.: Eso son clichés, lo de la Europa de los mercaderes, la Europa del capital y lugares comunes propios de otro tiempo, como hablábamos cuando nos referíamos a los laboristas. ¿Por qué no romper con España? ¿Es que España es una república de trabajadores y una economía socialista? El otro día alguien de Podemos dijo que un estado que tiene capacidad de emitir moneda no tiene deudas. Vuelvo a hablar de mi compañero: Nacho Álvarez debió echarse las manos a la cabeza. Vamos a hacer una reflexión. Volvemos a la peseta y la devaluamos, que eso es lo que plantean algunos, como plantearon otros en Grecia hace un par de años con la vuelta al dracma. Tal vez mejoremos nuestras cuentas exteriores, aunque yo lo dudo bastante. Pero resulta que una familia tiene una hipoteca de 170.000 euros. La deuda seguirá estando en euros. Esa deuda sería en la moneda española vieja de unos treinta millones de pesetas. Al volver a la peseta y devaluar, la deuda sería de más de cuarenta millones de pesetas. Y la familia seguiría debiendo 170.000 euros, una moneda sobre la que España no tendría ninguna decisión. Y si atendemos a las empresas, lo mismo de lo mismo. El modelo monetario de Pancho Villa se comenta como chiste en las aulas de economía. Pero hay que hacer notar una cosa: Izquierda Unida no plantea eso sino, concretamente, el Partido Comunista, es verdad que eje vertebrador de la organización, al menos hasta ahora. El euro funcionará mejor, porque defectos tiene y son muchos, si el corazón de Europa late con más potencia. Frente a los problemas actuales la respuesta ha de ser una mayor integración, como los problemas de seguridad se resuelven con más libertad.
L.M.: España es, según todas las encuestas, el país más europeísta.
D.M.R.: Es lógico. En España aún se recuerda el aislamiento, la autarquía, la miseria en un continente que crecía. Los españoles aún conservan los anticuerpos de la vacuna del franquismo y siguen pensando que Europa es una idea que se está concretizando. Seguramente este es uno de los pocos ejemplos que los españoles pueden dar al resto de los europeos: “nunca más una autarquía, nunca más el casticismo”. Vamos, que menos Unamuno y más Madariaga. 
L.M.: Izquierda Unida o el PCE, ahora me entran dudas, incluso plantea una especie de “alianza bolivariana” en el sur de Europa.
D.M.R.: Cuando yo era niño me hubiera gustado que mi abuela tuviera dos ruedas, un cilindro y un tubo de escape. Siempre quise tener una moto. Y tuve unas cuantas motos, pero más tarde y comprándolas. Y mi abuela vivió noventa años.
L.M.: Es una respuesta surrealista.
D.M.R.: No, no, es muy realista. El modelo bolivariano no sirve ni para América Latina, como estamos viendo. Sólo Venezuela sigue ese rumbo y parece cambiarlo. Está recomponiendo las relaciones con Estados Unidos, dejando en pelota a los entusiastas de la desconexión que tenemos en Europa. Hasta Cuba ha iniciado un proceso de aproximación a su enemigo secular. ¡Hombre!, siempre nos quedará Corea del Norte. Imagino la escena de “Casablanca”…
L.M.: Pues Venezuela ha entrado de lleno en la campaña electoral española.
D.M.R.: Eso forma parte de la estrategia de los partidos, particularmente de Ciudadanos, para frenar el ascenso de Podemos, cosa que no van a conseguir porque el votante de Podemos no presta atención a estas milongas. Tampoco Podemos ha reaccionado al ataque porque, al fin y al cabo, el dinero vino de donde vino, digan lo que digan unos dirigentes que, en su síndrome universitario, toman a la mayoría por idiotas. No obstante, el hecho de que Venezuela sea centro del debate refleja la baja calidad de la democracia española y de sus partidos políticos. Nadie escarmienta en cabeza ajena, por mucho que lo pida el proverbio, pero deberían unos y otros dejar de poner al ciudadano mirando a Venezuela. Si quieren criticar a Podemos es mucho más saludable ofrecer los ejemplos más homologables de Italia y Grecia, donde movimientos de ese tipo envejecieron de golpe al enfrentarse con la realidad. Y tampoco entiendo mucho a esta izquierda que ha cambiado Cuba por Venezuela como referente, que, diciéndolo desde fuera del grupo ideológico, lo veo como cambiar a Lenin por Alfonso Guerra, por decir algo.
L.M.: América Latina está girando a la derecha. 
D.M.R.: Creo que es una percepción muy europea y, particularmente, muy española. ¡Si alguien considera como gobierno de izquierdas a los gobiernos peronistas de los Kirchner…! Nuestra izquierda, ayuna de reflexión, se acoge a la mística de las palabras y la manipulación de las palabras es el instrumento básico para la manipulación de la realidad. No es una mera casualidad que Luis Almagro, actual secretario general de la Organización de Estados Americanos y ministro de asuntos exteriores en el gobierno de Pepe Mujica, haya propuesto expulsar a Venezuela de la institución. ¿También Almagro es un agente del fascismo o del imperialismo yanqui? ¿Quién da patente de “izquierdismo” aquí?
L.M.: Es verdad que sobre Venezuela hay muchas lecturas, todas con contradicciones, todas sospechosas.
D.M.R.: Tiene usted razón. No hay alimentos. Para unos es fruto de la mala política del gobierno y para otros es el resultado del boicot de la oligarquía. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez o falsas a la vez. Los inversores abandonan el país. Para unos es porque no hay ninguna garantía jurídica y para otros es una decisión tomada para descapitalizar el país y que caiga el régimen. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez o falsas a la vez. Hace unos meses la prensa española publicó que en los McDonald’s de Caracas no había patatas, cosa que era verdad, pero no publicó que en los Burger King sí que había patatas. ¿Qué pasaba? Pues que los McDonald’s decidieron adaptarse al gusto venezolano y cambiar las patatas por arepas y yuca. Al no explicar esta realidad el lector del periódico pensó que en Caracas ya no había ni patatas. Por cierto, la política de McDonald’s fue un fracaso y quitaron la yuca y las arepas del McMenú.
L.M.: Hablemos de las elecciones generales. ¿Le parece bien?
D.M.R.: Yo estoy aquí a obedecer y responder lo mejor que pueda.
L.M.: Se repiten las elecciones. ¿Es, como dicen algunos, un fracaso?
D.M.R.: No, es una cuestión normal en cualquier país democrático. Lo que pasa es que en España pasamos del franquismo a grandes mayorías sucesivas y romper con eso da cierto vértigo, pero no es nada del otro mundo. Lo que sí demuestra esta nueva convocatoria es que las empresas del Ibex35 no forzaron una coalición del PP y del PSOE con Ciudadanos, al que algunos consideran “su partido”. La oligarquía tiene un gran peso, evidentemente, pero aún quedan resquicios para hacer política.
L.M.: Pero sí parece, o parecía, en las elecciones de diciembre, que Ciudadanos era el partido favorito de la banca y de los grandes capitales. 
D.M.R.: Yo no lo veo así. Creo que le recomendé hace unos meses la película “La caída de los dioses”. La oligarquía sigue apostando por el PP con claridad meridiana. Otra cosa es que en todas las situaciones de transición los que ven perdido el poder pero mantienen el dominio arbitran libertades para un grupo opositor en exclusiva, el grupo que, aun siendo enemigo, lo es mucho más de un tercero, de la pesadilla común. Eso hicieron los franquistas con el PSOE frente al PCE y lo hace ahora la clase alta con Ciudadanos. Es casi una reacción biológica. Ya lo hizo Sila en la vieja Roma, aunque su política llevó a la dictadura de Julio César y arruinó a la república en favor del modelo imperial. Monedero dijo hace meses que como la batalla política había abandonado el eje izquierda-derecha y había pasado a dirimirse entre lo viejo y lo nuevo, el sistema había generado su propia novedad, que era Ciudadanos. A parte de que esta interpretación es bochornosa en boca de un profesor de universidad, lo cierto es que Ciudadanos nació en Cataluña en 2006 y con la oposición de toda la oligarquía.
L.M.: ¿Cómo valora la coalición de Podemos con Izquierda Unida?
D.M.R.: De mano, llamar a eso “coalición” rechina en cualquier manual de ciencia política. Se trata de la desaparición de Izquierda Unida, cosa que a mí me parece grave. La izquierda, con todas las miserias que pudiera tener, ha desaparecido del ámbito institucional. El PSOE busca el centro y Podemos la socialdemocracia. Queda izquierda en otros ámbitos, es verdad, pero es otra cosa. La suma de Podemos e Izquierda Unida no es la salvación de la izquierda sino el certificado de defunción de la izquierda. Esto no es el triunfo de Gerardo Iglesias, que piensa que Garzón está haciendo lo que él no pudo hacer. Es el triunfo de Anguita, el enterrador de Gerardo, con su militarismo, su mesianismo, su autoritarismo y su nula capacidad para aceptar la crítica. Sé de qué hablo porque fui fundador de Izquierda Unida y salí corriendo al año. Pablo Iglesias llamaba a Garzón “pitufo gruñón” y resulta que es deudor de “papá pitufo”, de Anguita.
L.M.: Muchos analistas dicen que Podemos y Ciudadanos tienen grandes expectativas por la brecha generacional. Los viejos votan al PP y al PSOE y los jóvenes no. Usted es profesor de universidad y, por tanto, trata a diario con jóvenes. ¿Es de esa opinión?
D.M.R.: Puede que haya ese efecto de brecha generacional. El PP, el partido más votado, pierde de forma espectacular en el segmento de votantes entre los 18 y los 24 años. El 32 por ciento de ese sector vota a Podemos y un porcentaje algo menor a Ciudadanos. En las elecciones de dentro de cuatro u ocho años, ¿pasará lo mismo? No lo sé, pero a mí me parece que más que una brecha generacional es una brecha entre la España rural y la España urbana. Y, claro, en la España urbana hay más población joven. Por eso Podemos está tratando de atraer el voto rural en los últimos meses. Se lo digo de primera mano porque vivo en una aldea. Los complutenses saben de qué va la cosa. 
L.M.: ¿Y la conversión a la socialdemocracia de Pablo Iglesias? Estoy seguro de que de este asunto le gusta debatir.
D.M.R.: También en la vieja Roma era habitual que los tribunos de la plebe acabaran mimetizados en la casta patricia. Este partido emergente ha envejecido rápidamente. Iglesias es caudillista y megalómano. A mí siempre me pareció un falangista.
L.M.: ¿Cómo?
D.M.R.: Es lo que me parece. Y siempre hablo del clan de Somosaguas, no de la gente de Podemos, que me parece otra cosa. Ahora es Iglesias socialdemócrata. Si él lo dice será verdad, pero, ¿son socialdemócratas Anguita, Garzón, Gordillo, Cañamero…? Comprendo que los comunistas estén cabreados pero, evidentemente, no es mi problema.
L.M.: ¿Se producirá el “sorpasso”?
D.M.R.: En votos puede que sí pero no creo que en escaños. Por cierto, que eso del “sorpasso” ni es de Anguita ni de la política italiana. Ya sabe, amigo Luis, que soy muy cinéfilo. “Il sorpasso” es una película de 1962 dirigida por Dino Rossi, con Vittorio Gassman y Jean Louis Trintignant. La versión española se hizo como “La escapada”. Y resulta que el último “sorpasso”, “adelantamiento” diríamos los que respetamos la lengua española, acaba en una hostia monumental.
L.M.: ¿Será premonitorio? Tal vez o no. Usted, profesor, resulta ser un equilibrista. Es de izquierda, es nacionalista asturiano, es un montón de cosas y mantiene la cordura y el equilibrio.
D.M.R.: Decía Wilde que quien no piensa por sí mismo no piensa en absoluto. Y es verdad. Yo me equivoco cada dos por tres, meto la pata todos los días, escribo algo en mi perfil de Facebook y me arrepiento al día siguiente. Pero no soy un equilibrista. Un equilibrista es un maestro en burlar la inestabilidad. Yo soy más bien un mago porque trato de burlar la improbabilidad. Por eso soy generalista y no especialista. El koala, ese bicho tan simpático de los bosques de Australia, es un especialista porque apuesta por la eficiencia y está casi siempre en equilibrio: bajo consumo y alto riesgo. Yo soy como la rata, ese asqueroso roedor: apuesto por la eficacia, lejos de cualquier equilibrio, con bajo riesgo y alto consumo. Son diferentes formas de asumir la vida.
L.M.: Y esta rata izquierdista, asturianista y aparentemente desencantada, ¿va a votar en estas elecciones?
D.M.R.: Sí. Pese a todo lo que despotriqué votaré a Unidos Podemos. En estas generales no hay en Asturias candidatura nacionalista y votar a otra izquierda sería votar lo que nunca voté y, además, para nada. Podría haberme tentado Foro Asturias por aquello de dar un voto a una organización asturiana, aunque es muy de derechas en algunas cosas, pero va en coalición con el PP y eso sería para mí un salto inconcebible.
L.M.: Muchas gracias, profesor Rivas, y buenas noches. Y que disfrute del Mediterráneo.
D.M.R.: Por supuesto que lo estoy disfrutando. Buenas noches, amigo Luis.

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