16.9.15

Estamos en un momento Minsky



Luis Martín: Buenas noches, profesor Rivas. David Rivas es ya conocido de los habituales de las noches de los jueves. Profesor de estructura económica en la Universidad Autónoma de Madrid, hombre crítico y bastante incorrecto políticamente. De vuelta de vacaciones, ¿no?
David M. Rivas: Buenas noches y muchas gracias por su presentación. Me llena de orgullo y satisfacción, que diría el otro. Lo de las vacaciones es relativo. Yo acumulo las clases en el primer cuatrimestre, de modo que acabo en diciembre. Luego estoy en mi casa de Asturias o recorro el mundo. Este verano solamente salí de casa para pasar una semana en el Portugal más profundo, en el nordeste.

L.M.: Vamos a revisar con David Rivas la situación económica. Lo primero, ¿qué va a pasar con Grecia?
D.M.R.: La verdad es que no lo sé. No conozco bien la economía griega y si no fuera por el follón armado en los últimos tiempos seguramente no sabría nada. Es una cosa muy curiosa. Un país con poco peso en Europa y en el mundo nos ha obligado a los profesores de economía a sentarnos y a estudiar su caso. Es importante. Yo trabajo en países pobres y pequeños, Guatemala, por ejemplo. Nadie repara en ellos, pero ahí viven millones de personas que merecen atención.
L.M.: ¿Cómo ve el programa de reformas?
D.M.R.: Le digo lo mismo: no lo tengo muy claro. Es bueno, en principio, que ese programa se centre en reformas estructurales más que en consolidar la fiscalidad o atajar los déficit de la balanza por cuenta corriente. Otra cosa es, claro, quién va a pagar la factura y yo me temo que la pagarán los más débiles, los trabajadores, los campesinos, las clases medias urbanas. De todas formas, el acuerdo firmado es menos duro que el que cabía esperar y, por ejemplo, salvaguarda el sistema de pensiones. Angela Merkel se dio cuenta a tiempo de que no podía arrojar a Europa desde la roca Tarpeya. ¡Menos mal! Otra incógnita es lo que va a hacer el Fondo Monetario, tan timorato últimamente. Yo supongo que a mediados de octubre dirá algo. Y en noviembre o diciembre, creo yo, la Unión Europea mostrará una mayor generosidad con Grecia tras una revisión del programa acordado. Y no por amor y simpatía, sino porque, con la que está cayendo, Grecia es hoy la frontera más vulnerable de Europa. Y otra cosa: los intereses que está pagando Grecia, un 3,7 o un 3,8 por ciento, son menores de los que paga España, Irlanda o Italia.
L.M.: China nos ha dado un buen susto hace unas semanas. ¿Ha entrado China en crisis?
D.M.R.: Es difícil contestar a esa pregunta. Hay que tener en cuenta que los datos que da el gobierno chino no son fiables. Hay gran incertidumbre, es verdad,  pero vaticinar una recesión en China es muy arriesgado. No podemos afirmar que China haya entrado en crisis. En el fondo, ya lo comenté en otras ocasiones, lo que sucede es que sabemos muy poco de China. Sabemos de su comercio internacional, del comportamiento de su bolsa, pero sabemos poco de China. A mí me hace gracia ese montón de “expertos” en China. La verdad es que no saben nada. Ni siquiera conocen la inmensidad de China. Ninguno habla ni lee ningún dialecto chino. Son expertos en un país del que ni siquiera pueden leer los periódicos.
L.M.: Han devaluado el yuan.
D.M.R.: Sí, en algo más del cuatro por ciento. China es la segunda economía del mundo, tras Estados Unidos, o la tercera si consideramos a la Unión Europea en su conjunto. Los inversores internacionales están preocupados por la volatilidad de los valores bursátiles chinos y porque la ralentización de la economía china se prolongue. En este contexto la devaluación ha sido una vía de escape. No sé si ese cuatro y pico por ciento será suficiente. Veo como bastante probable que, para finales de octubre o primeros de noviembre, realicen otra devaluación. Eso abarataría mucho las exportaciones y provocaría una crisis comercial en cadena en el resto del mundo. Desde principios del verano el gobierno chino inyectó cientos de millones de euros en los mercados, intervino en la compraventa de acciones, persiguió a los especuladores, además de devaluar la moneda. Incluso llegó a permitir que los fondos de pensiones invirtieran hasta un treinta por ciento de sus activos en bolsa, cosa impensable hace un año. Es posible que veamos, además de una nueva devaluación, como el Banco Popular, que es como se llama el banco central chino, baje la ratio de los depósitos de reserva de los bancos. Sería una medida para impulsar el flujo de capital, de incierto recorrido pero eficaz a corto plazo.
L.M.: La crisis, o como queramos llamarlo, de la economía china está arrastrando al resto de las economías, principalmente las de su entono del Pacífico asiático.
D.M.R.: Está presionando muncho, es verdad. Japón, Corea del Sur, Indonesia… están sufriendo con bastante inmediatez los problemas chinos. Japón, la cuarta economía del mundo, lleva años metido en una trampa. Lo explicaba muy bien Krugman hace unos días en un artículo. Se encuentra en una deflación permanente, lo que hace que la gente acumule dinero en efectivo. De este modo, si ocurre una convulsión un tanto grave, no es capaz de responder. El gobierno japonés y los industriales japoneses están aterrados ante la posibilidad de una crisis en China. Decía Krugman, y creo que tiene razón, que Japón se hunde por su obsesión por la “respetabilidad”, por no querer dar a la máquina de hacer yenes. Algo similar le sucede a Alemania y a su heredero, el Banco Central Europeo. La enorme inflación que llevó al nazismo, al imperialismo y a la guerra mundial les ha metido a alemanes y japoneses una droga en las venas. Les aterra la inestabilidad de la moneda. Pero a veces una moderada tensión inflacionista es saludable. Además, como los tipos de interés son bajos, no existen incentivos para que la gente ponga en circulación su dinero y lo tiene en el cajón. Esa es la respuesta de Japón a la situación actual y por eso su economía está estancada desde hace veinte años o más. También puede ser ese el horizonte de Europa. No es el caso de los Estados Unidos, una economía mucho más dinámica, pese a los problemas que también tiene.
L.M.: Brasil también nos está dando un susto.
D.M.R.: En el fondo se trata del mismo asunto. China estaba siendo el gran cliente de los llamados “países emergentes”. Brasil, Venezuela, Argentina, Colombia, México, tienen a China como el gran receptor de sus materias primas: soja, hierro, petróleo, oro, biomasa… Ese mercado se está ralentizando. Brasil vio hace unos días caer su valoración hasta el “bono basura”. Lula da Silva trató de enderezar la economía, acompañada la cosa de una política social muy avanzada. Lo consiguió en buena medida. Consiguió los dos objetivos, al menos en parte. La presidenta Rousseff, por el contrario, con su populismo, hizo retroceder al país, tanto económicamente como socialmente. Los pueblos no se alimentan de palabras sino de proteínas.
L.M.: Es obligada la referencia a Venezuela.
D.M.R.: Venezuela es un desastre. Ahí sí que todo lo ocupa la verborrea. Es un modelo de monocultivo petrolífero. Los gobiernos de Chavez y de Maduro han remachado y consolidado una economía colonial. Hoy Venezuela es más dependiente que hace treinta años. Con cargo al petróleo, que tiene una vida bastante limitada, alimentan a los pobres, que seguirán siendo pobres para ser alimentados. Eso no es el socialismo ni nada parecido. Es un clientelismo de pobres. Tal vez sea una cosa bolivariana. Lea usted la biografía de Bolívar: es para echarse a temblar.
L.M.: Pues vayamos ahora a lo doméstico. ¿Ha salido España de la crisis?
D.M.R.: No. Sí hemos salido de la recesión pero no de la crisis. Los indicadores macroeconómicos son positivos pero, viniendo de la fosa de la que venimos, representan muy poco. Están volviendo el ladrillo, el turismo y el automóvil. En una década tendremos otra burbuja a punto de estallar. En el reino sólo tenemos tres economías solventes, aunque con problemas particulares en cada una de ellas. Son Asturias, País Vasco y Cataluña. La más autocentrada es la economía del País Vasco. Asturias tiene un gran envejecimiento y Cataluña está sometida a grandes tensiones políticas. La Comunidad Valenciana o Andalucía no tienen una base económica estructurada. Y Madrid es una economía de mentira.
L.M.: En algo habremos mejorado.
D.M.R.: Evidentemente. Uno de los mejores datos es que el ahorro está aumentando y que la deuda de las familias con los bancos ha caído en casi un cuatro por ciento. Pero en algo también hemos empeorado. Además de los millones de parados, cifra que no se reduce desde hace años, el empleo es de muy baja calidad. Sólo un tres y pico por ciento de los contratos son fijos y de tiempo completo. El desempleo juvenil es el más elevado de Europa excluyendo el caso de Grecia. Más del cuarenta por ciento de los parados no recibe ninguna ayuda. ¿Esto es salir de la crisis? Además estamos bordeando desde hace tres años la deflación y la deuda externa nos cuesta unos 35.000 millones de euros, más que la suma de sanidad, educación y empleo. Un panorama cojonudo, como ve. Le voy a explicar una cosa. Italia crece al 0,7 por ciento y España al 3,2. Pues la prima de riesgo de España es de casi el doble que la italiana. Este reino no es del todo fiable en el mercado internacional. Será Rajoy, lo de Cataluña, el trono tambaleante, Podemos… Será lo que sea, pero es así. Estamos siempre en un “momento Minsky”. Minsky es un economista postkeynesiano, un verdadero profeta, muerto en 1996. Él ponía el ejemplo del coyote y del correcaminos. El coyote nunca coge al correcaminos, tropieza mil veces y, cuando parece que lo alcanza, en el precipicio, pone cara de pasmo, se detiene la imagen y luego cae. Todos conocemos la escena. Ese es el “momento Minsky”: cuando sufres por las medidas que tú mismo has diseñado.
L.M.: David Rivas no sólo es profesor de economía. También ha estado, o está, en política, concretamente en el nacionalismo asturiano de izquierdas, cosa que es para nota. Concurrió como candidato, hace de esto unos años, a las europeas en la coalición Europa de los Pueblos. Él iba por Andecha Astur y en compañía de Esquerra Republicana de Catalunya, Eusko Alkartasuna y Chunta Aragonesista. ¿Qué va a pasar en Cataluña el 27 de septiembre?
D.M.R.: Creo que la opción de Artur Mas ganará. No sé si por goleada, aunque creo que no. Dudo mucho de que declaren la independencia y pienso que buscarán un encaje diferente en el reino de España. Mi hija mayor vive en Barcelona desde hace años. Es una mujer inteligente y buena heredera de su madre urbanita, madrileña, y de su padre rural, asturiano. Y me lo decía el otro día: aquí la gente empieza a creer de verdad en la independencia. Ella o no vota o vota CUP. Es una radical y, a la vez, es una catalanista. Su lengua habitual es el catalán, como lo es el asturiano cuando va a casa. En mi hija veo cuál es el proceso: ella optaría por la independencia, por más que desconfíe de la burguesía tontaca de Convergencia.
L.M.: Si declaran la independencia la Unión Europea reaccionaría. Lo dijo Holland y más a las claras Cameron.
D.M.R.: Eso no es cierto. Aquí todos juegan de farol. ¿De verdad cree usted o creen los oyentes que Alemania, Francia o el Reino Unido iban a permitir una especie de Kosovo en Cataluña? Son siete millones y pico de habitantes, un PIB superior al de muchos estados hoy soberanos, un puerto clave en el Mediterráneo. ¿Se imagina una Barcelona como puerto pirata? Si Cataluña declara la independencia, cosa que creo que no hará, ni saldrá del euro ni de la Unión Europea. Además España será la más interesada. Un divorcio con acuerdo es mucho menos costoso que un divorcio a hostias. Buscarán una forma desde Bruselas, estoy seguro. A mí Artur Mas no me es muy simpático y creo que está bien salpicado por la corrupción pero, desde luego, no es un idiota. Si Cataluña opta por la secesión será un estado miembro de la Unión Europea, no lo dude.
L.M.: Muchas gracias, profesor Rivas. Como siempre, ha sido un placer.
D.M.R.: Lo mismo digo. Buenas noches.  

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