3.5.14

“Hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas”

Patricia Serna: Parece ser que se sigue destruyendo empleo en este primer trimestre de 2014. La ocupación retrocede en 184.000 personas. La tasa de paro es de más de un 25 por ciento y la Encuesta de Población Activa arroja un saldo, eso sí, de 2.300 parados menos. Pues en esto estamos. David Rivas, buenas tardes.
David M. Rivas: Buenas tardes.
P.S.: David Rivas es profesor de estructura económica. Con estas cifras, profesor, ¿qué?, ¿cómo estamos?
D.M.R.: Estamos hablando cada trimestre de lo mismo. De esto estuvimos hablando a finales de enero, cuando se hizo pública la EPA del último trimestre de 2013 y los oyentes que nos vayan siguiendo van a encontrarse con que no hay nada nuevo, es decir, que lo que argumentábamos hace tres meses sigue siendo válido.
P.S.: ¿Qué es exactamente?, ¿que avanzamos?, ¿que retrocedemos? ¿Qué es lo que pasa?
D.M.R.: Lo que pasa es que seguimos igual. Sobre el hecho de que 2.300 personas hayan encontrado trabajo, como decíamos hace tres meses, pues nada más cabe que mostrar alegría por su mejora individual. Pero considerar un avance el hecho de que dos mil personas encuentren empleo frente a la realidad de seis millones de parados no dejaría de ser un triunfalismo un tanto frívolo. Estamos hablando de unas cifras espeluznantes. Además, como usted comentaba en su intervención de apertura, la tasa de ocupación cayó un 0,6 por ciento. Saben los oyentes que yo tengo manía de poner los porcentajes en comparación con otras cosas. Un 0,6 por ciento puede parecer muy poco pero estamos hablando de 200.000 personas.
P.S.: Que puestas en fila son unas cuantas.
D.M.R.: Pues hablamos de toda la villa de Avilés y su zona de influencia. El paro, en realidad, ha aumentado un 2,5 por ciento. En este trimestre se destruyeron casi 200.000 empleos. El dato de los puestos de trabajo creados, por sí solo, no significa nada. Sé que soy un poco pesado porque repito mucho algunas cosas y repito siempre que, en economía, cualquier dato ha de ser comparado con otros. No nos vale de nada que nos digan que vamos a gastar en no sé qué, porque es necesario saber de dónde se va a ingresar. O al revés, que nos digan que vamos a ingresar tanto sin que nos digan para gastar o invertir en qué. Hay que tener una aproximación, digamos, de doble partida, un tanto contable. Si sucede un cambio en una magnitud hay que ver qué sucede en la de enfrente. Y muchas veces ni siquiera nos basta la doble partida y hay que atender a los cambios en varias macromagnitudes, no sólo en dos. Y nos encontramos con que el problema fundamental es que la población activa ha caído y sigue cayendo. Incluso está cayendo la población absoluta. Hace un par de semanas conocíamos el dato de que habían emigrado 700.000 personas, es decir, el equivalente a algo más de toda la región central de Asturias.

P.S.: La población activa cae porque muchas personas que habían venido regresan a sus países, porque muchos españoles deciden emigrar y porque muchos que buscaban trabajo han dejado de hacerlo porque se han desesperado.
D.M.R.: Evidentemente, es la suma de esos tres componentes. El otro día estuve escuchando una entrevista con un personaje por el que tengo simpatía, el presidente Correa, el presidente de Ecuador. En este populismo que hoy campea por Latinoamérica nos encontramos con dirigentes de perfiles muy diferentes y no todos muy presentables. A mí me parece que Correa es uno de los gobernantes con la cabeza mejor amueblada, que sabe bien lo que se trae entre manos. Decía Correa que los ecuatorianos están regresando a su país pero que con ellos se van muchos españoles. Ya no sólo se emigra a Alemania, al Reino Unido, a países que tienen un potencial económico y político mayor que el reino de España, sino que se emigra a países que hasta hace tres años eran exportadores netos de población hacia Europa. Esta es una cuestión muy importante, un dato que refleja el cambio de estructura económica: el hecho, no sólo de cuántos emigran, sino hacia donde emigran.
P.S.: Hay otro dato que la EPA refleja que es muy preocupante: aumenta el número de hogares en los que todos sus miembros están en paro.
D.M.R.: Es lo mismo que comentamos en enero, con motivo de la anterior EPA. Entonces hablábamos de 700.000 y ahora andamos por los 800.000. Además, hay otro indicador que la EPA no mide pero que lo están dando los sindicatos, lo está dando la iglesia católica, lo están dando otras ONG, que no es otro que la cantidad de trabajadores asalariados que están en la pobreza. Estamos hablando de personas que trabajan, que pagan impuestos, que cotizan a la seguridad social, que crean riqueza para las empresas y para la sociedad y que no llegan a fin de mes y acaban en comedores de Cáritas. Eso la EPA no lo mide pero es una cruel realidad, una realidad creciente.
P.S.: Es cierto, es una realidad que asusta.
D.M.R.: Hay una cosa que la gente de la calle no sabe y quizás tampoco algunas personas particularmente interesadas e informadas. Los datos de la EPA se han obtenido con una metodología distinta a la que se seguía hasta finales de 2013. Yo a mis alumnos siempre les insisto en que lean esas diez páginas primeras de cualquier informe, esas que nadie lee, las que recogen la metodología. De lo contrario no se entiende nada.
P.S.: ¿Por qué?, ¿era necesario?, ¿tiene algún objetivo?
D.M.R.: Puede ser necesario porque ha cambiado la base poblacional, la estructura demográfica e incluso para introducir un corrector de la economía sumergida estimada. Pero lo importante para nuestro análisis es que todo indicaba que con este cambio metodológico, fuera necesario o con una intención de maquillaje, habría, como mínimo, un punto porcentual menos de paro. Y vemos que ni siquiera ha sucedido eso. Ni siquiera con el cambio metodológico que propiciaba que el paro cayera, al menos, un punto, han evitado constatar que aumenta un 2,5. Es decir, que con la misma metodología de la última EPA, la del cuarto trimestre de 2013, el paro habría aumentado un 3,5 como mínimo.
P.S.: Todo parece ofrecernos cifras muy malas pero habrá algunas más positivas. Se habla de que los indicadores macroeconómicos son buenos. Pero hoy sabemos que los test de estrés que se le hace a la banca española dan como resultado que seguiremos en recesión hasta el 2016 y que el paro seguirá creciendo hasta alcanzar el 27,1 por ciento. Esto es lo que dice la autoridad bancaria europea, que yo tampoco sé si es fiable o no porque llega un momento en el que una pierde la fe, ¿sabe?
D.M.R.: La verdad es que no lo sé porque los test de estrés no los conozco bien, no sé cuál es su metodología. Yo de la parte financiera de la economía sé lo fundamental, lo que me permite dar una clase, pero no para emitir una opinión experta. A mí me molestan mucho esos economistas que pontifican sobre cualquier cosa. La economía es algo sencillo de entender y de explicar pero los métodos a través de los que se llega a lo que luego es fácilmente comprensible son complejos. Y en esa complejidad yo no controlo mucho los mercados financieros, los mercados de valores y cuestiones de ese tenor. Nunca me interesó ese lado de la economía. Lo que sí sé, porque estas cuestiones sí las llevo estudiando desde mis primeros pasos como economista y profesor, es que las recesiones siempre se acaban superando por la vía del ajuste del desempleo. Eso nos enseña la historia económica desde la depresión del último tercio del XIX. Siempre que hay una recesión el ajuste viene por la creación de paro, siempre pagan el pato las mismas clases sociales. Siempre ha sido así, salvo con grandes guerras que acaben con el problema por la vía rápida, o no tan rápida porque ha habido guerras de gran duración.
P.S.: Entonces, esa hipótesis de que el paro llegara al 27 por ciento en los dos próximos años tendría sentido.
D.M.R.: Sí, claro. La última vez que hablamos de esto, que recuerdo que usted se asustó mucho, dije que el inicio de la recuperación antes del 15 era imposible. Y el Fondo Monetario Internacional hablaba del 17. Lo que pasa es que yo del Fondo Monetario me fío menos porque es siempre muy conservador, se pone siempre en las peores circunstancias, y es necesario confiar en que todo lo malo no vaya a pasar conjuntamente. Pero lo cierto es que hasta el 2016 o incluso más los ciudadanos no notarán ninguna mejoría. En todas las crisis del último medio siglo la gente empezó a notar la mejoría tres o cuatro años después de que los indicadores macroeconómicos empezaran a repuntar. El desempleo seguirá siendo, más o menos, el mismo. En mi departamento llegamos a prever un paro que rondaría el 30 por ciento en 2015. Tal vez no sea tanto, pero del 26 es difícil que se baje. Y si la autoridad bancaria europea habla del 27… Sencillamente, es que no hay puestos de trabajo. 
P.S.: Entonces las cifras que da el gobierno no son ciertas.
D.M.R.: Son ciertas pero las cifras en bruto no significan nada. Le voy a poner un ejemplo que lo puede entender cualquiera, aunque no sepa nada de economía. Una empresa tiene cuatro empleados a tiempo completo, despide a uno, pasa a tres a tiempo parcial y contrata a dos nuevos también en contrato parcial pero, evidentemente, con peores condiciones. El resultado es que ahora tiene cinco empleados, con lo que, estadísticamente hablando, se ha creado un puesto de trabajo.
P.S.: Pero empleo de mala calidad.
D.M.R.: Claro. Pero no sólo es un empleo de mala calidad este puesto nuevo, sino que ha empeorado la calidad de los tres que ya estaban en la empresa. Además, si el trabajador que quedó en paro decide emigrar, la tasa de desempleo desciende en mayor proporción porque ha descendido la población activa, es decir, hay una persona menos buscando trabajo. Creo que es fácil de entender. Hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas.
P.S.: Para terminar, otra cuestión. En el 2008 la deuda española creo que era del 38 por ciento del PIB y ahora es del cien por cien. ¿Cómo salimos de esta?
D.M.R.: Tener una deuda tan elevada es un problema, evidentemente, pero casi más importante es saber dónde está colocada y en qué condiciones. A mí, en el caso español, la deuda es la macromagnitud que menos me preocupa, aunque me preocupa mucho. 
P.S.: Pero las deudas hay que pagarlas.
D.M.R.: Como cualquier individuo, cualquier familia o cualquier empresa. Pero también hay renegociaciones, cambios de criterio, quitas, apalancamientos… Por ejemplo, ante un repunte de las economías de los acreedores, especialmente si son estados, se pueden plantear renegociaciones. Es una cosa que se ha hecho siempre. Pero el problema es la posible insolvencia del reino de España porque un 27 por ciento de paro, la destrucción de músculo industrial, la imagen de corrupción, todas esas cuestiones, impiden al gobierno negociar con tranquilidad. Y eso, además, dispara de nuevo los intereses de la deuda, la famosa prima de riesgo que hoy está un tanto calmada. Si el reino le debe a acreedores alemanes, sean personas o sea el estado, ellos podrían llegar a la conclusión de que es mejor pactar otras condiciones que arriesgarse a no cobrar nunca. Ahora bien, si observan que el desempleo es estructural y no baja nunca del 25 por ciento, que el sector industrial está hundiéndose, que el turismo reflota por la inestabilidad del norte de África, que cada día hay más personas bajo el umbral de la pobreza, que desde la corona hasta el municipio más pequeño tienen casos de corrupción, que el presidente de la patronal está encarcelado, que banqueros y sindicalistas están enjuiciados y un largo etcétera, ¿qué va a negociar el gobierno?
P.S.: El paro y la pobreza es lo más importante.
D.M.R.: Hay gente en situaciones más allá del límite. Hay gente que, de verdad, no sé ni cómo puede sobrevivir. Y no me vale la milonga de la economía sumergida, aunque sea verdad y mitigue el problema en algunas ocasiones.
P.S.: Habría que ver detrás de las puertas de cada casa y veríamos situaciones terribles. Antes mencionaba a Cáritas. Acaba de señalar su presidenta que, por primera vez, a los comedores sociales acudían más españoles que inmigrantes.
D.M.R.: No conozco esos datos de la presidenta de Cáritas pero si sé de primera mano, porque una persona muy cercana a mí trabaja en actividades solidarias de la iglesia católica en Gijón, que desde hace muchos meses se estaba dando esta situación. Lo que sucedía es que hasta hace unos meses, y eso es lo que seguramente detecta Cáritas, la gente de aquí era muy reacia a acudir a los comedores, entraba por otra puerta, se llevaba la comida a casa en un tuper… Pero, después de un tiempo, estas personas se han dado cuenta de que estar en el paro no es culpa suya, no es algo por lo que tengan que sentir vergüenza. La gente empieza a perder el complejo de culpabilidad e incluso empieza a revindicar su papel de víctimas de un atropello. Repito que lo conozco de primera mano. Hablamos de trabajadores que hasta hace un par de años tenían un salario medio, bajo casi siempre si somos rigurosos y que vivía al día pero sin estrecheces graves. Eso la iglesia lo llamó en otras épocas “pobreza vergonzante”. Pues esa “pobreza vergonzante” se está acabando y, curiosamente, con el apoyo de entidades de credo católico.
P.S.: David Rivas, profesor de estructura económica en la Universidad Autónoma de Madrid, muchas gracias. Volveremos a charlar porque hay que tomar el pulso a las cosas.
D.M.R.: Yo lo que espero es que en un trimestre de estos pueda decir que, esta vez sí, los datos invitan a la esperanza. Supongo que los oyentes me toman por un pesimista pero no lo soy en absoluto. Soy una persona optimista por naturaleza, desde niño. Pero las cosas pintan mal. Es que a mí me preocupa el desempleo, la pobreza, el subdesarrollo, el hambre… A mí que el banco equis haya tenido beneficios me parece bien y supongo que algo de ello repercutirá en el crédito a una empresa o a una familia. No soy un terrorista de la ciencia económica. Pero los economistas, como decía mi maestro José Luis Sampedro, deberían dejar de preocuparse por el estudio de la riqueza, que es el objetivo de la ciencia económica, para centrarse en la pobreza. En el fondo es lo mismo pero el talante con el que se aborda la cuestión es muy diferente. Por su parte la política económica no debe ser una política para hacer más ricos a los ricos sino para reducir y eliminar la pobreza.
P.S.: Eso ya es una cuestión de concepto que supongo que mucha gente compartirá y que, viendo lo que vemos, no todo el mundo. Un abrazo muy fuerte y muchas gracias.
D.M.R.: A usted, Patricia, y a los oyentes.

1 comentario:

  1. Hay un error. Los emigrantes no fueron 700.000 sino 270.000 y la comparación no es con la zona central de Asturias sino con Gijón y su zona de influencia.

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