“Son necesarias la reforma fiscal y la renta básica”

Luis Martín: Buenas noches, profesor Rivas. Le agradecemos que, una vez más, atienda a este programa para comentar los datos económicos que se acaban de publicar y hablar de la situación general. Acaban de conocerse las cifras de la Encuesta de Población Activa, que nos muestran que el número de parados ha descendido, en el último trimestre, en 8.400. El gobierno ve un buen indicador pero a mí, profano en estas cosas, me parece muy poco.
David M. Rivas: No hace falta ser un experto para llegar a la conclusión a la que usted llega. No sólo porque 8.400 empleos sea una cifra pequeña. La realidad es que está sucediendo lo contrario de lo que dice el gobierno. La realidad es que en ese último trimestre ha descendido el número de ocupados en 65.000 personas y la población activa lo ha hecho en casi 75.000. La población activa ha retrocedido hasta el nivel de 2008. Es decir, que se sigue destruyendo empleo en términos reales. El paro disminuye un poco porque muchas personas, desilusionadas del todo, no buscan trabajo y porque otras muchas, sobre todo jóvenes e inmigrantes, están saliendo de España. Además, este cuarto trimestre de 2013 es el del espejismo de la aceituna. Si mira usted las cifras apreciará que el sector que crea empleo es el agrícola, mientras que cae de nuevo en industria, construcción y servicios. Y es que la cosecha de aceituna fue extraordinaria, mientras que la de 2012 fue de las peores de la historia. Eso se tradujo en que la recolección duró más de tres meses. El caso es que 2012, en su conjunto, se cerró con unos 70.000 parados menos, pero con 200.000 empleos destruidos y con una caída de casi 300.000 personas en la población activa. Y otro dato importante es que la masa salarial cayó en un 3,5 por ciento. Pero, evidentemente, al margen de determinadas cifras que parecen positivas, con más del 26 por ciento de paro, es decir, unos seis millones de personas, es una frivolidad y una irresponsabilidad hablar de que la crisis ha terminado.
L.M.: También hay que preguntarse por el tipo de empleo que se crea.
D.M.R.: Claro. Hay que tener en cuenta que el 24 por ciento de los empleos es temporal. Además, la reforma laboral ha provocado un enorme incremento del empleo a tiempo parcial, lo que quiere decir que una actividad que, como media, se retribuía con 800-900 euros al mes se retribuye ahora con 400-500 y unos 300 si hablamos del salario mínimo interprofesional. Por otra parte, se ha extendido la costumbre de contratar a tiempo parcial pero obligar al trabajador a echar más horas, horas que no se declaran. El trabajador aguanta porque teme al desempleo. Eso está provocando un fenómeno terrible: ya hay familias por debajo del umbral de la pobreza aunque alguno de sus miembros tenga trabajo. El 12 por ciento de los pobres son asalariados y, aunque no recuerdo los datos concretos, la pobreza se ceba en las mujeres y empieza a hacerlo en los niños. En casi dos millones de hogares no entra ningún salario y en casi 700.000 no entra ningún tipo de ingreso. Y, además, todos estos datos los conocemos por estudios de algunas ONG y de la iglesia católica. El gobierno ni siquiera se atreve a poner en marcha una investigación.

L.M.: Pero muchos argumentan que es mejor tener un trabajo mal pagado que no tener ninguno.
D.M.R.: Ese argumento es muy peligroso. No sé qué es mejor, si no hacer nada y tratar de que te ayude el estado, las ONG o la iglesia, o, por el contrario, trabajar, pagar impuestos, generar riqueza, dar beneficios a la empresa y, al final, tener que llevar también a tus hijos a un comedor de Cáritas. Si seguimos por esa senda, acabaremos pensando que con una habitación medianamente confortable y una buena alimentación por parte de la empresa, bienvenida sea la esclavitud. Si sólo seguimos con criterios de beneficio empresarial llegaremos a la conclusión que el modelo más racional es el esclavista. Hay cosas que no se pueden ni llegar a plantear por dignidad, por respeto a los derechos humanos. De hecho, ya se ven anuncios ofreciendo o demandando trabajo por la cama y la comida, y algunos dirigentes de la policía empiezan a sospechar que ya hay mujeres que incluyen en su menguado sueldo de asistencia doméstica los servicios sexuales.
L.M.: El gobierno insiste en que su normativa laboral está permitiendo enderezar la economía.
D.M.R.: Hay dos certidumbres que nos ha legado la historia económica. La primera es que en las depresiones la variable de ajuste es el desempleo. La segunda es que los efectos de una reforma laboral son siempre impredicibles. El gobierno repite y repite un argumentario que se basa en falsedades. Repite y repite una especie de mantra. La reforma laboral ha permitido y sigue permitiendo precarizar el empleo, ha provocado menos empleo y con peor calidad. Un dato que nos clarifica la cuestión: se han destruido 260.000 empleos a tiempo completo y se han creado 150.000 empleos a tiempo parcial. Es decir, lejos de crear empleo, se ha destruido y se ha convertido en empleos basura. Ni siquiera se creó un número igual en tiempo parcial al perdido en tiempo completo sino tan sólo la mitad. Tenemos hoy mismo un ejemplo: una empresa como Coca Cola decide eliminar 1.100 puestos de trabajo del total de 4.000 en el conjunto de sus plantas, cerrando la planta que tiene en mi país, en el concejo de Siero, echando a la calle a 144 personas. Pero es que Coca Cola sólo ha podido presentar pérdidas, precisamente, en Asturias, pero en un solo año y muy bajas. En conjunto, Coca Cola gana unos nueve mil millones de euros al año en este reino, pero, aprovechando la nueva normativa, pretende elevar sus márgenes y, a la vez, contribuir a incrementar el ejército industrial de reserva, de enorme rentabilidad a largo plazo.
L.M.: Tal vez uno de los elementos más preocupantes es el del paro juvenil pero afirma el gobierno que está comenzando a reducirse.
D.M.R: Yo ayer escuchaba a los portavoces del gobierno y del Partido Popular y no podía creer lo que estaba oyendo. Todos repetían como papagayos dos o tres consignas, unas falsas, otras medias verdades pero, desde luego, ninguna cierta. Es más, en uno de ellos, creo que se apellida Floriano, se apreciaba con claridad que no conocía nada de la EPA, que ni la había visto y que tiene, además, una gran confusión conceptual. El paro juvenil decrece un poco porque la población activa menor de 35 años está cayendo en picado, sobre todo porque está emigrando. De los 532.000 parados más que hubo en 2013, 180.000 eran jóvenes. En conjunto es el tercer peor año desde que tenemos series históricas y, por lo que respecta al paro juvenil, es el peor. Y le voy a dar otro dato: el paro juvenil en Grecia alcanza el 54,8 por ciento, mientras que en España es del 56,5. Un dato para otro mantra: España no es Grecia, España no es Uganda, España no es Portugal, España no es Chipre… El desempleo juvenil es una gran losa porque aumenta la desilusión del sector que debería ser más emprendedor, desciende la cualificación, hipoteca el futuro en definitiva. Pero a corto plazo me parece más preocupante el paro de larga duración y esos 1.200.000 hogares en los que nadie trabaja o los casi 700.000 en los que no se ingresa nada. ¿A dónde va a emigrar ese sector que ni encuentra trabajo, ni está cerca de la jubilación, ni tiene ya padres que le ayude, ese sector de los 45-55 años? A estos trabajadores no les cabe ni siquiera la opción de marcharse.
L.M.: Es curioso que con todo esto, con la que está cayendo, como se suele decir, los sindicatos tengan muy poco protagonismo, pese a que las huelgas que han convocado pueden calificarse de exitosas.
D.M.R.: Esta cuestión es difícil de analizar porque tiene muchas aristas y muchas caras. Los sindicatos, como las patronales, también forman parte del modelo de la transición, un modelo que ha quebrado o que está, cuando menos, muy malherido. El famoso consenso, propio de los regímenes autoritarios o en fase de cambio, dio origen a un sistema clientelar también en el ámbito sindical. El problema es que los sindicatos no quisieron ser instrumentos de la clase trabajadora y prefirieron practicar un sindicalismo de gestión, prefirieron los despachos a los tajos. Gestionaron la reconversión industrial, por ejemplo, y se pusieron, en general, más de parte del gobierno, a veces de la empresa, que de los trabajadores. Aplicaron grandes dosis de clientelismo y enchufismo. Hay muchas causas que explican esto pero una de ellas es que se creyeron más fuertes de lo que eran. Y lo creyeron porque la economía de los setenta estaba dominada por grandes empresas mineras, del metal, siderúrgicas, navales, de bienes de equipo, además de los servicios públicos. Hoy, en cambio, nada es igual. Por eso, cuando los sindicatos quisieron recuperar protagonismo frente a la crisis y la recesión de estos últimos años se encontraron con que sólo tienen respuesta, y tampoco entusiasta, entre quienes más seguridad tienen en conservar el empleo: la gran industria, el ferrocarril, la administración pública. Para colmo, los escándalos económicos los están salpicando por todas partes. Pero el golpe definitivo lo recibieron hace poco. Los gobiernos y las patronales consiguieron romper la columna vertebral de la actividad sindical: el convenio colectivo. Contaron para ello con la complacencia de cientos de miles de trabajadores y del hartazgo de estos hacia unos sindicatos ajenos a ellos y que pertenecen a las élites económicas y políticas. Pero ese golpe ha destruído, en último término, el arma que quedaba para la defensa de los trabajadores. Se deja de firmar convenios colectivos y se pasa a negociar empresa por empresa. Como en España la empresa es media y pequeña, la fuerza de los trabajadores se minimiza y sus derechos son anulados. Fíjese que, en lo que va de legislatura, los empleados respaldados por un convenio han pasado de 11 a 6 millones.
L.M.: Hablaba de que el paro juvenil impide la generación de emprendedores. Pero el gobierno cree que la recuperación pasa por los emprendedores, por quienes tiene una idea innovadora. Hay programas, congresos, ayudas económicas. ¿No estaremos demasiado, digamos, abducidos por estos proyectos?
D.M.R.: Aquí hay cuestiones muy diferentes. Abrir empresas, realizar innovación tecnológica, descubrir nuevos sectores y nuevos mercados, saber aprovechar los cambios socieconómicos, es muy importante. En períodos de crisis siempre aparecen oportunidades para quien las sabe ver e incluso se produce un fenómeno muy interesante: lograr encontrar nuevos usos a viejos recursos, cosa muy visible, por ejemplo, en el sector agropecuario y en el mundo rural. Pero, segunda observación, es evidente que no todos vamos a ser empresarios o pioneros de la innovación. Si alguien diseña un nuevo concepto de comunicación, quizás al principio le valga el consabido garaje americano, pero acabará necesitando un telefonista o alguien que le repare el grifo, o un coche que sale de una cadena de montaje. Y, para finalizar, el apoyo a los emprendedores por parte del gobierno es otro mantra repetido que resulta ser falso. En primer lugar, ¿cómo vamos a incrementar la innovación tecnológica si se cierran hospitales, se encarecen los estudios universitarios, se suprime inversión en I+D+i, se reducen las retribuciones a profesores e investigadores, se cancelan convenios científicos, se hace una reforma de la educación primaria y secundaria en la que la asignatura de religión pesa lo mismo que la de matemáticas, se ponen trabas a la movilidad universitaria? En segundo lugar, ¿cómo es ese apoyo a los emprendedores si se castiga fiscalmente a los autónomos y se les pone mil trabas? En tercer lugar, ¿quién concede créditos a un emprendedor con poco capital y sin avales, aunque su idea sea genial? Si una pequeña empresa solicita un crédito de hasta un millón de euros y a un plazo de hasta cinco años para instalarse en un polígono de la cuenca del Rhur encuentra facilidades y el tipo se sitúa en el 3,69. Si, con esas mismas condiciones, la empresa se instala en un polígono de la cuenca del Nalón, aparte de tener grandes dificultades y tener que pagar peajes políticos y sindicales, el tipo será del 5,16. De hecho, en España los autónomos son hoy 51.000 menos que en 2012.
L.M.: Se ha generalizado un nuevo concepto, el de la “pobreza energética”.
D.M.R.: Esa es una de las características que nos devuelven a los años de la posguerra. Mire. Yo pasé mi infancia en los primeros sesenta. Mi familia vivía bien. Había renta suficiente, más que suficiente para la época, y tierras y ganado que suplían la escasez existente. Yo no conocí el hambre pero sí conocí el frío. Entonces no era problema de precio sino de desabastecimiento. Aunque tuvieras dinero no había fuentes energéticas. En Asturias sí contábamos con carbón, con lo que la cocina era el centro de la vida durante todo el invierno. El resto de la casa era un páramo gélido. Hoy, en pleno invierno del 2014, hay más de dos millones de familias que no tienen calefacción. Pero hoy sí hay recursos energéticos, no es un problema de escasez. Es una cuestión de avaricia suma. Parece ser que nuestros gobernantes sólo recuerdan sus cacareados valores cristianos con cuestiones como el aborto o los matrimonios homosexuales. ¡Pues vaya con los cristianos y sus valores!
L.M.: Ya hablamos de esto en alguna otra ocasión, de eso de los “valores cristianos”. Se indigna usted.
D.M.R.: Me molesta profundamente oir esa jaculatoria a determinadas personas. Me hiere. Yo no comparto dogmas y cánones pero comparto la mayor parte de lo que se llaman “valores cristianos”, que son básicos en la cultura occidental, al margen de mis creencias o increencias. La compasión, la empatía, la justicia, el amor, hasta la caridad si me apura, son cosas que desconoce este gobierno “cristiano” que padecemos. Ellos son más de la virgen del Rocío, del brazo de santa Teresa… Son tan ridículos como perversos.
L.M.: No creo que el gobierno de Rajoy haga todas estas casas por perversidad, por una especie de maldad natural.
D.M.R.: Lo que ha hecho Rajoy y su gente y, que no lo olvidemos, ya lo inició Felipe González y la suya, es romper el contrato social que se comenzó a establecer en los sesenta, incluso bajo una dictadura, y que permitió salir del subdesarrollo en dos décadas. En ese contrato había un acuerdo no escrito, lo que en sociología política se llama “pacto de cohesión”. Es una especie de aceptación de unas reglas no escritas pero asumibles y una de ellas, vigente hasta hace muy poco tiempo, es que la estabilidad social y la estabilidad interna de las empresas pasa, entre otras cosas, por qué el salario del directivo mejor pagado no sobrepasara en veinte veces al del trabajador peor pagado. Hoy esa brecha es de trescientas o quinientas veces, hasta mil o dos mil veces. El problema es que este gobierno es el gobierno más clasista de cuántos hemos tenido desde hace cincuenta años. Sí, sí, cincuenta. Incluyo a los últimos gobiernos del franquismo. Por eso llegan a la perversión de ignorar a los ciudadanos, de despreciar sus protestas, de reírse de ellos a veces. ¿Usted se imagina a un procurador de Franco diciendo “que se jodan” cuando se está informando del paro y de las dificultades económicas de la gente? Pues eso sucedió en el parlamento valenciano con una diputada del PP, concretamente la hija de Fabra, el de la lotería y los aeropuertos.   
L.M.: ¿Es reversible todo esto? ¿Saldremos de este bache? 
D.M.R.: Si no se toma ninguna medida la situación será irreversible. El Partido Popular aprovechó la segunda recesión para aplicar su programa real, que no es un mero programa económico sino un programa ideológico, un thatcherismo treinta años más tarde. Las desigualdades son tremendas y, no le exagero, estamos llegando a índices de inequidad similares a los que conocimos desde la guerra hasta los años sesenta. Las rentas del capital están a punto de alcanzar a las rentas del trabajo por primera vez. Además la recesión se distribuyó desigualmente. Las rentas del trabajo se encuentran hoy al nivel real de las de 2005, mientras que las de capital al nivel de 2008. Hay un índice, el de Gini, por el nombre del italiano que lo diseñó, que mide la distribución de la renta. Va de 0 a 100, siendo 0 la perfecta distribución, todos tienen la misma renta, y 100 la inequidad absoluta, una sola persona acapara toda la renta. Pues bien, el índice, que era en 2007 de 21 es ahora de 34. Hay que tener en cuenta que un índice de 45 siempre se consideró la frontera de los países pobres y subdesarrollados. Según la Unión Europea la desigualdad en España está al mismo nivel que la de Rusia y Rumanía, sólo por detrás de la de Letonia. Pero es que en 2006 estaba a siete puntos de Letonia y hoy está a 0,7. En España, las veinte personas con mayores ingresos poseen la misma renta que los dos millones de personas con menores ingresos. Yo soy, ya lo saben sus oyentes, bastante pesimista. El crecimiento volverá. Yo vaticiné que en 2014 España crecería al 0,5 por ciento, cuando el gobierno hablaba del 0,7. Puede que crezca algo más, incluso más del pronóstico del gobierno, y puede que este año se comience a remontar en comercio exterior, en producción, en turismo. Un indicador positivo es que el Santander ya ofrece créditos interesantes a la vivienda y, en menor medida, al consumo. Eso sí, para determinados perfiles de clientes. A mí el otro día me preguntaron en la oficina donde tengo mi cuenta qué si pensaba cambiar de coche. Claro, yo pertenezco a ese perfil. Tengo unos ingresos relativamente altos para lo que se ve y seguridad en que voy a seguir teniéndolos. Pero las pequeñas empresas, los autónomos y otros trabajadores, aún tendrán que esperar. No obstante, es una señal.
L.M.: ¿Hay alguna medida que se pueda aplicar o no hay más camino que el que se ha tomado?
D.M.R.: Naturalmente que hay medidas posibles y, además, no son tan difíciles de aplicar como muchos piensan. Lo que hay que tener claro es cuáles son las prioridades y las del actual gobierno son evidentes. Frente a la pobreza y la exclusión que ya se han instalado entre nosotros, cabe la implantación de una renta básica para todos los ciudadanos. Esa sería una medida sensata, sencilla y no muy cara. Evidentemente, su aplicación debería ir precedida o acompañada por una reforma fiscal. Otro mantra del gobierno es que en 2015 bajarán los impuestos, pero no es cierto. Tal vez baje el IRPF pero ya anuncian que su bajada será compensada con la subida del IVA, lo que hace al sistema aún más regresivo. Y digo “aún más” porque ya lo es, siempre lo fue desde la contrarreforma que Boyer y Solchaga, es decir, el PSOE, practicaron sobre el modelo de Suárez y de Fuentes Quintana. El IRPF es realmente un impuesto sobre los salarios. Aquí pagamos más los asalariados y los funcionarios que los empresarios, que declaran rentas inferiores a los de sus empleados. Y luego está el fraude fiscal, que la Unión Europea eleva a casi 40.000 millones de euros al año y algunos investigadores lo sitúan en 70.000. Y no olvidemos el impuesto sobre patrimonio, el trato preferencial a los fondos de pensiones y un etcétera de cuestiones menos conocidas por el gran público. Por ahí se sacan fondos suficientes para hacer frente a una renta social. Y aún queda la posibilidad de reducir el nivel del compromiso de déficit, porque es posible en las condiciones actuales. 
L.M.: Por lo menos la prima de riesgo ha caído.
D.M.R.: Hoy la palabra más repetida en esta charla radiofónica va a ser “mantra” porque eso es otro mantra. Cada crisis, cada recesión, nos deja una herencia de la que no nos damos cuenta, lo mismo en la conceptualización que en el lenguaje. En los setenta la inflación fue tan protagonista que hasta la constitución española habla de ella. Era la hidra de las siete cabezas. Pasaron unos años y la gente se extrañaba al ver a los economistas quejándose de las bajas tasas de precios y pidiendo un poco de inflación. Pero, para llenar el vacío, apareció la prima de riesgo, de la que nadie sabía nada excepto los expertos. Lo importante era que la prima bajara. Y bajó. Pero la deuda española sigue creciendo, de forma que, aunque los intereses sean menores, el volumen es el mismo o mayor. Todavía estamos en cifras cercanas a las que teníamos cuando se hablaba de un posible rescate y las cosas han cambiado poco. El gobierno está convencido de que en 2014 no pasará nada grave pero yo no estoy tan seguro porque aún no conocemos cuáles van a ser las nuevas políticas del gobierno alemán de coalición. Y, por si fuera poco, Irlanda, que acaba de salir del rescate, está colocando su deuda a un interés menor que el de la deuda del Reino Unido y de los Estados Unidos.
L.M.: Para finalizar, profesor Rivas, ¿hemos tocado fondo?
D.M.R.: No quiero ser pájaro de mal agüero, pero tengo mis dudas. Tal vez hayamos tocado fondo pero podemos seguir muchos años caminando por él. La política económica basada en la desigualdad y la precariedad, podrá dar grandes beneficios a la oligarquía, pero impedirá el crecimiento, agravará la crisis de deuda e imposibilitará el aumento de la renta por habitante durante, al menos, una década. Esto es de libro de primero de teoría económica y, además, de diez años de penuria nos habló el comisario Rehn. Y aún más preocupante es el alegre optimismo y la autocomplacencia de Rajoy y de sus ministros, con lo que es posible que, estando en el fondo, aún se aplique una política económica de minería y excavación. 

Comentarios

  1. Prestóme. Claro que yo soi un pesimista informativu: la xente dispuesto a lleer reflexones como éstes ye infinitamente inferior a la que se dexa llevar pola galbana de siguir "mantras" de cualquier tipu.

    ResponderEliminar
  2. Siempre ye un placer lleer al profesor Rivas, sobretou pa los que tamos en pañales en términos económicos y aún así, somos a pescanciar lo nos tien de traer esti gobiernu.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario