2.6.13

“El sistema actual de pensiones es sólido, barato de gestión y justo”


Luis Martín: Buenas noches, profesor David Rivas, de la Universidad Autónoma de Madrid. De nuevo le llamo para hablar de economía. En este caso, y brevemente como siempre, es para saber algo más de la reforma de las pensiones. La fórmula esa que se ha publicado, con tantas letras, tantos números y tantos asteriscos, ¿qué significa?
David M. Rivas: Ya le dije cuando hablamos ayer que no soy la persona más indicada para hablar de estas cosas. No soy un experto en economía o política laboral ni tampoco en financiación de la seguridad social. Le dije que, por ejemplo, se pusiera en contacto con Santos Ruesga, compañero mío de departamento y uno de los miembros de la comisión que está preparando la reforma. Además es muy crítico y seguramente quien va a impedir el consenso porque ya anunció que no está dispuesto a transigir.
L.M.: Y le hice caso pero me fue imposible contactar con él. Pero tampoco necesitamos a nadie que conozca estas cosas hasta lo más concreto. Esta es una charla para gente corriente y no para iniciados. Háblenos de la dichosa formulita.
D.M.R.: Lo llaman “factor de sostenibilidad”. Aunque parezca una cosa poco menos que esotérica es una ecuación muy sencilla. Cualquier estudiante de economía la comprende al primer vistazo. Es un cálculo de “números índice” de la actualización de las pensiones en función de la evolución de los ingresos de la Seguridad Social del año anterior en la que se pondera la esperanza de vida de las personas.

L.M.: ¿Qué significa eso?
D.M.R.: Básicamente, con respecto al modelo actual, significa que la actualización de las pensiones deja de vincularse al IPC y pasa a depender del saldo de la Seguridad Social, teniendo en cuenta la esperanza de vida. Aducen los defensores del nuevo sistema que el vigente se articuló cuando la esperanza de vida era de, no sé, sesenta años, mientras que ahora es de ochenta. También significa que las pensiones dependerán del saldo de la Seguridad Social. Si hay superávit se elevarán conforme al IPC. Si hay déficit bajarán. Es decir, en el mejor de los casos, si todo marcha bien, los pensionistas mantendrán su poder adquisitivo. Pero eso es difícil en estos tiempos y las pensiones caerán, posiblemente, hasta en un doce por ciento. Este modelo ya se puso en práctica en Argentina y fue un desastre completo. Además, y ahí hay otro punto importante, ya no se aplicará el nuevo modelo gradualmente a partir de 2032, que era lo previsto, sino el año que viene o el siguiente. Eso quiere decir que se recortará la pensión, no sólo del futuro jubilado sino también del jubilado de hoy. De un horizonte de 18 años se ha pasado a otro de seis meses. Además, no hay que olvidar que son muchas las familias que sobreviven gracias a la pensión de los padres o de los abuelos. Una caída que, como decía, podría llegar a un doce por ciento, supondría importantes disminuciones del consumo. El gobierno del PP ha cometido barbaridades a montones pero esta medida es, posiblemente, la mayor de todas. No es extraño que los ministros españoles del área económica sean considerados en los principales centros del mundo como los peores de la Unión Europea.
L.M.: Yo no entiendo mucho de esto pero es cierto que la esperanza de vida es más alta. Un pensionista cobra durante muchos más años que un pensionista de los años setenta u ochenta. Además la natalidad es muy baja y cada vez hay más jubilados y menos activos, aunque hubiera poco paro.
D.M.R.: Primero hay que recordar una cosa: la pensión no es una gracia del gobierno, sino un derecho adquirido por los trabajadores que cotizaron durante toda su vida. Eso no debe olvidarse. Debajo de todo este debate hay un profundo sentido ético. Los pensionistas son los hombres y las mujeres que trabajaron durante toda su vida, que pagaron impuestos, que hicieron posible la educación y la sanidad, que crearon riqueza para el estado y para las empresas. Es un crimen de lesa humanidad atentar contra su sostenimiento en la vejez. Hay pensiones de quinientos euros que ahora ni siquiera se van a revalorizar conforme al IPC. Puede que esto sea incluso una vulneración de los fundamentos constitucionales, aunque de esto tengo conocimientos rudimentarios. Pero es que esto no es asunto demográfico. Además, si en algo se equivocan sistemáticamente los economistas es en las cuestiones demográficas. Cuando yo empecé la carrera universitaria nos decían que hoy España tendría 41 millones de habitantes. Andamos por los 47. Pero se olvidan de algo muy fundamental, del asunto de la productividad. Es absurdo pensar que la productividad de dentro de treinta años va a ser la misma de hoy. Un trabajador de entonces va a producir mucho más que tres de hoy. Pensar sólo en la variable demográfica y no en la innovación tecnológica es un absurdo metodológico. Lo que pasa es que España es uno de los países que menos invierte en I+D+i y en ciencia. El gobierno y los empresarios españoles recurren a estas medidas porque han decidido invertir lo mínimo o no invertir nada en tecnología. Incluso Grecia y Portugal mantienen ratios de inversión y gasto públicos en estas cosas muy por encima de España. Estamos volviendo a los tiempos del enriquecimiento por la plusvalía absoluta. Y lo de la esperanza de vida hay que matizarlo. No tengo la misma esperanza de vida yo que un obrero de la construcción o que un trabajador agrícola de un invernadero. La mía está, de media, en unos diez-doce años más que la de ellos. Además, ellos cobran menos que yo, con lo que tendrán menos ahorrado, y su pensión será menor que la mía. Es profundamente injusto.
L.M.: Pues el comité de “sabios” parece que va a respaldar esta reforma, salvo su compañero Ruesga por lo que usted me dice.
D.M.R.: Tal vez haya algún otro discrepante. No lo sé. La posición de Ruesga la suponía porque lo conozco bien desde hace más de treinta años y, además, lo dijo explícitamente en una entrevista en un periódico asturiano y en “El intermedio” de La Sexta. Y en esas entrevistas dijo que el proyecto viene con cartas marcadas. Vaya, que se reunieron para decir amén a una decisión ya tomada por el gobierno. De todas formas, no hay que olvidar que otro grupo de “sabios” diagnosticó en 1975 la quiebra del sistema para 1990 y otro más dijo lo mismo en 1986 para el 2000.
L.M.: ¿Hay detrás de todo esto un objetivo de privatizar el sistema de pensiones?
D.M.R.: Indudablemente. El Partido Popular está aprovechando esta crisis para aplicar su programa oculto. Es la derecha más salvaje de Europa y el brazo armado del catolicismo más reaccionario y cavernícola. Por eso en España no hay ultraderecha. ¿Para qué la va a haber? El sistema actual es sólido, barato de gestión, justo, redistributivo. Tiene disfunciones, como casi todo, pero es un sistema coherente y consistente. Es, por ejemplo, mucho mejor que el de Alemania. Por cierto, que Alemania tiene una ley laboral mucho más antigua que la española y la gente se jubila, en términos reales, a los 64 años. El gobierno y sus economistas orgánicos están trabajando en este tema, y así lo muestra esa formulita famosa, con criterios de capitalización, cuando debe trabajarse con criterios de redistribución y de solidaridad. La pensión de un jubilado no puede tratarse con un frío cálculo actuarial como si fuera un producto financiero. Pero esto no es nuevo. Solchaga y Solbes ya iniciaron la senda hace años.  Desde mediados de los noventa el erario dejó de recaudar más de 20.000 millones de euros como consecuencia de los incentivos fiscales que tienen los planes privados de pensiones. La rentabilidad de estos planes es nula, a veces negativa, pero nunca se han tocado. Y estamos hablando de gobiernos del PSOE y de gobiernos del PP, porque tanto da. Además, esas desgravaciones son terriblemente regresivas porque benefician a la gente de rentas altas y se convierten en una transferencia de renta desde el sector público a las empresas gestoras de los fondos.
L.M.: Pero, ¿es posible un sistema de pensiones privatizado?
D.M.R.: Posible sí que lo es. Se hizo, por ejemplo, en Chile. Pero ningún fondo de pensiones en España tiene mayor rentabilidad que, por ejemplo, la deuda pública. Si hay que ahorrar para el mañana para complementar unas menguadas pensiones públicas es mejor comprar bonos del tesoro que hacer un plan de pensiones con un banco. Los planes privados les pueden venir bien a los que más ingresan porque tienen beneficios fiscales. Dentro de unos años habrá pensionistas de primera, de segunda y hasta de tercera. Y le voy a poner un ejemplo: el reino de Suecia tuvo que rescatar la parte privada del fondo de reserva de las pensiones con una pérdida del diez por ciento, que tuvo que pagar el erario, o sea, los ciudadanos.
L.M.: Pero que la Seguridad Social tiene un déficit es cierto. ¿O no lo es?
D.M.R.: Se trata de una media verdad, que es la peor de las mentiras, con la que quieren desmantelar el sistema. Con la reforma que el PSOE hizo en 2011, que ya fue bastante lesiva, se estima que en el 2060, cuando yo tenga 102 años, las pensiones serán el trece por ciento del PIB, que es la media esperada para la Unión Europea. Ninguna tragedia, por tanto. Es más, lo mismo el gobierno español que la Comisión Europea creen que la Seguridad Social tendrá superávit en 2017 o 2018. Y el fondo de reserva actual permite pagar las pensiones hasta entonces. ¿Por qué entonces tanto alboroto? Porque se pretende desmantelar todo el estado social de derecho. Ni más ni menos. Por eso no quieren permitir que la reforma de 2011 alcance sus objetivos y recortan de nuevo las pensiones. Pero es que hay un informe de los técnicos del ministerio de trabajo de 1998, quince años ya, que lo explica perfectamente. El comité de expertos fue convocado para estudiar una fórmula de revisión para 2027 y la realidad es que el gobierno busca coartada técnica para recortar las pensiones.
L.M.: Bruselas exige estos ajustes a cambio de flexibilizar los objetivos de déficit.
D.M.R.: En todas las casas es conveniente tener un niño, un anciano o un gato. Si un jarrón se rompe habrá sido cosa del niño, del anciano o del gato. Bruselas cumple ese papel en “Casa Rajoy”. El “Libro verde” de la Comisión Europea sobre el empleo y las pensiones de hace dos o tres años dice todo lo contrario. Además, los imbéciles de Bruselas, porque tras cuatro años sólo cabe llamarlos imbéciles o malvados, o ambas cosas a la vez, están obligando a Grecia a poner la revalorización de las pensiones en función del IPC. Y en España, con una situación mucho menos dramática que la griega, obligan a lo contrario. ¿En qué quedamos? Y Merkel como telón de fondo. Supongo que se entenderá muy bien con nuestros dirigentes. La mediocridad une mucho. Además supongo que un católico educado en el franquismo y una luterana educada en el estalinismo se entenderán muy bien, salvo en el himen de una hebrea.
L.M.: Alemania empuja mucho.
D.M.R.: Los alemanes vuelven a las andadas. Y hablo del gobierno alemán y de una buena parte de los ciudadanos. Se están comportando como unos irresponsables que, además, muestran comportamientos racistas en sus relaciones internacionales. No aprendieron nada de 1917 y de 1945, y mucho menos de que fueron países como Grecia los que evitaron el hambre en Alemania en los años cuarenta-cincuenta. O como Argentina, que les diera créditos a coste casi cero. Hoy vuelven a verse potentes e invulnerables. Pero, como la prepotencia suele ir aparejada a la ignorancia, no saben la que les va a caer después de las elecciones. Hoy un trabajador alemán medio pasa de cobrar 15.000 euros anuales a 8.000 cuando se jubila. Por eso en lo que llaman “minijobs” nos encontramos con personas de setenta años. Le voy a poner un ejemplo. Le voy a hablar de lo que me pasaría a mí, poniéndonos en términos netos. Me jubilo y paso de unos 30.000 euros al año a unos 18.000. Entonces voy al colegio donde me eduqué de niño y ofrezco unas clases sobre economía por 5.000 euros al año. Me pongo en 23.000 euros, respiro un poco mejor y, de paso, expulso del circuito educativo a una persona de treinta años que cobraría 15.000 euros. Ese es el modelo alemán.
L.M.: Pero dicen que las cuentas de la economía española no cuadran.
D.M.R.: No me gusta recurrir al ejemplo de la economía familiar porque encubre muchas trampas, eso de no gastar más de lo que se ingresa. Es un ejemplo tramposo porque las familias no tienen capacidad de modificar la política monetaria o la política fiscal y el estado sí. Pero para esta ocasión creo que me sirve. Yo ingreso 100 y gasto 120. Tengo un déficit de 20. Pero mi mujer ingresa 100 y gasta 50. Tiene un superávit de 50. Como somos una unidad familiar tenemos un superávit de 30. En el reino el ahorro privado crece mientras que el público disminuye, pero el saldo es positivo. ¿Por qué ese ensañamiento desde Berlín y Bruselas? En una economía mixta como la nuestra hay dos brazos que empujan de la demanda, de la economía en suma. El derecho es el sector privado y el izquierdo es el sector público. Según los momentos uno es más potente que el otro. ¿A alguien con un cociente mental mínimo se le ocurriría como terapia cortar un brazo, en este caso el izquierdo?
L.M.: Muchas gracias, profesor.
D.M.R.: Como siempre, un gusto.

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