29.6.09

«La crisis es menos dura de lo que se creía, pero puede ser terriblemente larga»



DAVID RIVAS Profesor de Economía en la Autónoma de Madrid
La Nueva España (28/06/2009)

«Es imposible que 6.000 millones de personas trabajen ocho horas diarias, hay que cambiar de modelo»
Javier NEIRA
David Rivas, asturiano, profesor titular de Estructura Económica de la Universidad Autónoma de Madrid, es uno de los firmantes del reciente manifiesto suscrito por 600 economistas titulado «El trabajo, fundamento de un crecimiento sostenible».
-¿Quiénes firmaron el manifiesto?, ¿cuál es su esencia?
-La mayoría de los firmantes del manifiesto somos académicos. También hay economistas que trabajan en el sector privado, profesionales de asesorías y especialistas en temas laborales. Dice en esencia que esta crisis no está causada por problemas en el mercado laboral ni tampoco por los salarios o las regulaciones. De ahí se deduce que no la deben pagar quienes no la han provocado. La desregulación del mercado laboral que se propone desde algunos sectores no va a mejorar el panorama. Al revés, aumentará la precariedad.
-¿Por qué?
-Al inicio, en los fundamentos del documento, se insiste en una idea recogida en un dicho clásico según el cual el trabajo naturaliza y la naturaleza humaniza. Ante una crisis como ésta lo mejor es trabajar bien. Hay que mantener la ética del trabajo bien hecho.
-¿Cómo se mantiene?
-En España y en Europa en general sólo mejorará la productividad y nos mantendremos en los primeros puestos mundiales si se potencia la educación.
-La educación ofrece resultados a veinte años vista, mientras que la crisis es actual.
-El problema es que hay dos o tres generaciones educadas en que todo es rápido, sencillo y fácil.
-No, los jóvenes actuales son muy competitivos.
-Son competitivos y creo que fundamentalmente son muy ventajistas. Quizás últimamente, en los últimos años, estén cambiando algo las cosas. Pero para las generaciones educadas en los ochenta y noventa la competencia es un fin, cuando en realidad debería ser sólo un método. En muchas ocasiones hay que utilizar alternativamente la cooperación.
-La filosofía liberal exige que las empresas compitan porque así mejoran, si no todo se cifra en presionar a la mano de obra.
-De acuerdo, lo que ocurre es que el liberalismo no es lo que se suele decir. Muchos liberales ni siquiera han leído a los clásicos. John Stuart Mill, por ejemplo, plantea otras cosas. El liberalismo es una postura moral más que una teoría económica. Se centra en la defensa del individuo y de los derechos humanos. La izquierda cometió un error importante al despachar al liberalismo como una ideología uniforme. Es como despachar a toda la izquierda a cuenta del estalinismo. Liberalismo, libre mercado, democracia y derechos individuales se correlacionan, pero también se ha dado, en ocasiones, capitalismo no liberal y economía de mercado sin democracia parlamentaria. Hay que reivindicar, además, la Ilustración, que tanto se preocupaba de la pedagogía. Los políticos actuales, de todos los colores, no son precisamente pedagogos.
-La crisis fuerza a los despidos o alternativamente a las reducciones de salarios.
-No exactamente. En la España de los setenta vimos que el alza de los salarios es clave para la competitividad porque desplaza del mercado a las empresas menos eficientes. En los sesenta, el coste del capital era cero e incluso negativo; los salarios, bajos; el despido, imposible, y no se competía con el exterior, ¿qué incentivos podía haber para innovar? Cuando se abrió el mercado, se produjo una fuerte innovación tecnológica al reaccionar los empresarios.
-¿Y ahora?
-Las soluciones van a ser tardías. La crisis es, hasta ahora, menos dura de lo que se creía, pero puede ser terriblemente larga, como en Japón.
-O en Argentina.
-Bueno, estamos en la Unión Europea. La moneda única, aunque crea tensiones, nos protege de una argentinización.
-¿Y en Japón?
-En Japón llevan 12 años frenados y sin ver aún el final del túnel. Y eso que EE UU les ha echado una mano en varias ocasiones. Nadie tiene la solución a la crisis, pero se sabe que debe pasar por un cambio de modelo.
-Pero ¿hay modelos?
-Esta crisis, a fin de cuentas, es un coletazo de las crisis de los años setenta y de aquel modelo. Si algo funciona en el mundo es la innovación y la ciencia. Debe cambiar el modelo y debemos defender la cultura del trabajo, volver a los méritos. De todos modos, es imposible que 6.000 millones de personas trabajen ocho horas diarias.
-Quizá no haga falta.
-Pero un modelo basado en el salario lo exige para que todos coman. Ahí deben entrar las rentas básicas y otras cosas similares. Y el no crecimiento. En un mundo finito nada puede ser infinito. No cabe el crecimiento permanente.
-Le veo muy malthusiano.
-Sí, fue un incomprendido. Un viejo clérigo gruñón, pesimista y amargado. El clérigo sombrío, lo llaman muchos autores. Obsesionado con el sexo, como todos los clérigos.
-Como todo el mundo quizás.
-Es el Baroja de la ciencia económica. Los empresarios lo veían como un peligroso revolucionario que quería que hubiese menos proletarios para que subiesen los salarios; los marxistas lo tachaban de reaccionario que quería que la clase obrera fuese reducida para que no hubiese revolución, y la Iglesia lo veía como un peligro porque quería incumplir el mandato del Génesis. Leída la ley de Malthus desde hoy se cumple. En vez de alimentos pones recursos naturales y a eso vamos, así que vuelve el malthusianismo. Malthus se oponía a William Godwin, el padre de Mary Shelley.
-Y de Frankenstein.
-Mejor, el abuelo de Frankenstein. El caso es que hay que ir a la sostenibilidad. Por eso anotaba antes la dificultad de dar trabajo a 6.000 millones de personas ocho horas diarias.
-Los jesuitas decían que si la gente trabaja poco se pone a pensar y a lo peor se le ocurre cambiar el mundo.
-Por eso los jesuitas hacían trabajar tanto a todo el mundo. Lafargue fue odiado por el pensamiento socialista ya que hablaba del derecho a la pereza. Me eduqué con los jesuitas. Lo que ocurría es que sus élites sí estaban preparadas para pensar.«Si algo funciona en el mundo es la innovación y la ciencia» «La desregulación del mercado laboral que proponen algunos aumentará la precariedad» «Para las generaciones educadas en los ochenta y noventa la competitividad es sólo un fin»

-¿Qué tiene de específico España ante la crisis?
-Está en crisis el Estado nación. Por abajo tiene problemas de legitimidad territorial y por arriba de mercado mundial. Cuando el Gobierno dice que no puede hacer nada, miente en parte, pero cuando dice que puede hacer mucho también miente. Está limitado. La debilidad de los estados nación europeos es muy grande salvo en el caso de Alemania y Francia. Y Gran Bretaña, que es otro modelo. En contra de lo que parece, el Estado se debilitó mucho durante el franquismo. Se burocratizó, según el modelo francés, pero sin las estrategias de los franceses.
-¿Y Asturias?
-Los problemas vienen de atrás. El 34 nos ha marcado. El campesinado, por ejemplo, se derechizó, se hizo muy pesimista y pasivo.
-Les querían colectivizar hasta las gallinas, eso traumatiza a cualquiera.
-Asturias quedó marcada. Cuando se iba a crear Ensidesa, una opción fue León, pero el obispo de allí dijo que no, que no quería asturianizar León. Después no hubo un diseño de lo que se quería hacer. Se planteó la autonomía en general de mala gana salvo en el caso de Pedro de Silva, que tenía las ideas precisas pero o no quiso o no logró hacer nada. Pudo hacer un socialismo más asturianizado y más liberal. Contaba con una potencialidad enorme. Me refiero a mi generación, que entonces estábamos acabando la carrera y sin el peso de las ideologizaciones de los viejos movimientos. Pero todo cursó a golpe de ocurrencias. La izquierda, encima, se apuntó al 34 y lo convirtió en su propio mito covadonguista.

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